Popa, la ballena que recorrió 2500 kilómetros y reveló una nueva ruta entre la Patagonia y la Antártida


Una ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) apodada “Popa” realizó un extenso viaje desde la reserva de biosfera Patagonia Azul hasta la Antártida.

Los especialistas que monitorearon el recorrido se sorprendieron por la velocidad y la resistencia del gigantesco animal.

Además, el mamífero se movió a través de una ruta acuática distinta a las tradicionales, lo que sugiere que podría existir un camino alternativo por el que los miembros de su especie viajan entre continentes.

La ballena jorobada puede medir hasta 16 metros y pesar 30 toneladas, y se distribuye en todos los océanos del planeta, aunque, según la disponibilidad y calidad de alimento, su presencia es más frecuente en algunos sitios tales como la reserva Patagonia Azul (Chubut).

En dicho lugar, con el objetivo de conocer más sobre la abundancia y los patrones migratorios de la especie y, así, desarrollar estrategias para ayudar a conservarla, la Fundación Rewilding Argentina se dedica a la observación de ejemplares.

Gracias a esta tarea, especialistas han tomado fotos cuyo perfil rugoso y manchas generan patrones únicos que sirven para identificar cada individuo, similar a lo que ocurre con la huella digital humana. Estas imágenes fueron cargadas a una base internacional de datos y aportaron información sobre 14 individuos que nunca antes habían sido registrados.

En este contexto, el 13 de enero de 2026, miembros de la fundación captaron a “Popa” mientras buceaba y buscaba alimento junto a otra ballena jorobada. Fue entonces cuando le colocaron un dispositivo de monitoreo satelital, además de tomarle biopsias para estudiar ADN, sexo y comparar poblaciones.

Durante más de un mes, Popa permaneció en la costa de la reserva Patagonia Azul y en la de Rocas Coloradas, sitios identificados como áreas de alimentación clave.

Sin embargo, a fines de febrero inició un desplazamiento continuo hacia el sur y, poco más de dos semanas después (el 16 de marzo) llegó a las Islas Orcadas del Sur, donde Argentina mantiene su base antártica más antigua.

El registro de este trayecto permitió documentar una velocidad y resistencia poco habituales, además de aportar datos sobre cómo las ballenas conectan las áreas de alimentación y migración.

El viaje de Popa también expuso riesgos ambientales. Su primera parada en las Islas Orcadas del Sur coincide con el epicentro de la pesca industrial ilegal de krill antártico, donde piratas extraen cientos de miles de toneladas al año. Esta actividad amenaza el equilibrio de un ecosistema vital para aves marinas y cetáceos, incluido este tipo de ballenas.

Por tanto, el caso de este animal evidencia la extraordinaria capacidad de desplazamiento de las ballenas jorobadas y confirma la importancia de estudiar y proteger los ecosistemas que conectan la Patagonia con la Antártida, frente a amenazas como la pesca.

Además de todo lo anterior, el seguimiento satelital de la ballena jorobada Popa sugiere la existencia de una tercera vía migratoria, más cercana a la costa, distinta a las rutas oceánicas que habitualmente suelen utilizar estos animales.

Uno de los dos grandes corredores migratorios que hasta ahora se tenían identificado para las ballenas jorobadas en el Atlántico sur es la clásica ruta oceánica central, que queda lejos de la costa y une zonas de alimentación (como la Antártida) con zonas de reproducción ubicadas al norte de la Argentina (como Brasil).

El otro es la ruta oceánica intermedia, que conecta las mismas zonas, pero se ubica sobre el borde de la plataforma continental (una zona de transición entre lo costero y el océano abierto), por lo que pasa un poco más cerca del borde de la tierra.

Sin embargo, Popa no fue por ninguno de estos dos recorridos, sino que se movió mucho más pegada a la costa, lo que evidencia que miembros de su especie también podrían valerse de este camino alternativo para trasladarse entre continentes.

Esto refuerza la importancia de Patagonia Azul como sitio de concentración de ballenas jorobadas en el litoral atlántico argentino. De hecho, los datos lo respaldan: en una sola temporada se registraron más de 100 ballenas en un área acotada del parque.

Fuente: www.clarin.com

Artículos Relacionados

Volver al botón superior